(Los Siete Secretos 10) Un rompecabezas para los Siete Secretos by Enid Blyton

(Los Siete Secretos 10) Un rompecabezas para los Siete Secretos by Enid Blyton

Author:Enid Blyton
Language: es
Format: mobi
Tags: children
Published: 2011-03-03T23:00:00+00:00


CAPÍTULO XI

Una reunión inolvidable

Los Siete Secretos se quedaron mirando a Peter atónitos. ¿Era posible que el ladrón del violín llevara las ropas robadas al espantapájaros? ¿Por qué se habría vestido así?

—¡No creeréis que el propio espantapájaros hizo una escapada nocturna para robar el violín! —exclamó Pamela en una de sus características explosiones de alegría.

—¡No seas cabezota! —dijo Janet—. Bien sabes que el espantapájaros está desnudo. A menos que Mat lo haya vestido de nuevo.

—Esto se pone interesante —murmuró Peter—. Desde luego, queda descartada la suposición de una posible broma de Sussy y Binkie.

—Yo ya les pregunté —dijo Jack—, y os confieso que no saqué nada en limpio. Estuvieron chungueándose de mí con su insoportable risita y quedé casi convencido de que no habían sido ellas.

—Pues, como ves —dijo Peter—, no pudieron serlo. Te tomaron el pelo. Ahora pasemos a estudiar el fondo del asunto, y si alguien tiene que hacer alguna observación, que la haga. Sabemos dos cosas con seguridad: primera, que un hombre robó anoche un violín de gran valor; segunda, que ignoramos por qué llevaba puesto el viejo traje del espantapájaros. Ahora bien, ¿esto nos aclara algo?

—Pues a mí me parece que, tratándose de un violín antiguo y valioso, lo lógico es que lo haya robado un músico —observó Colín—, pues sólo una persona entendida en violines pudo calcular su verdadero valor.

—Y, seguramente, se puso el andrajoso traje del espantapájaros para que no lo reconocieran —añadió Bárbara.

—Si quería evitar las preguntas —dijo Jack—, no podía comprar ni pedir prestado el traje. Así se explica que se pusiera las ropas del espantapájaros.

Hubo una pausa. Al fin, dijo Peter: —Y, probablemente, ahora, para deshacerse de esos harapos, los esconderá en algún sitio o los tirará.

—Quizá se los vuelva a poner al espantapájaros —dijo Jorge.

—No lo creo: no querrá exponerse a que lo vean —replicó Peter— Además, el espantapájaros debe de llevar ya otras ropas. Seguramente, habrá enterrado o quemado el traje.

—En ese caso, debemos buscarlo —dijo Janet—. Aunque no creo que demos con él, pudiendo estar en tantísimas partes.

—Tienes razón —dijo Peter—. ¿Quién más tiene algo que decir?

Resultó que a todos les parecía imposible encontrar a un violinista al que no conocían y del que no tenían más pistas que los vestidos robados.

—¿Conocemos algún violinista capaz de apreciar el valor de un violín? —preguntó Pamela con cierta esperanza.

—Conocemos varios —repuso Peter—, pero ninguno de ellos es capaz de romper el cristal de un escaparate ni de robar un traje viejo. El señor Seraper da clases de violín en el colegio, pero no me lo puedo imaginar cometiendo estas fechorías. También conocemos todos al señor Lutton, el sacristán. Tanto él como su mujer tocan el violín; pero no creo que ninguno de los dos vaya por el mundo rompiendo cristales. A mí me parece que el ladrón fue un chiflado que deseaba ansiosamente poseer un violín de valor.

—No estaría muy chiflado cuando tuvo la astucia de disfrazarse con las ropas del espantapájaros —opinó Jack.

—Sí, claro; todo esto es un verdadero lío, un rompecabezas —dijo Peter—.



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